La gravedad
De la manzana de Newton a los agujeros negros
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Capítulo 1La fuerza invisible
Suelta un bolígrafo y caerá al suelo. Es tan normal que ni lo pensamos. Pero detrás de ese gesto hay una de las preguntas más profundas de la ciencia: ¿por qué caen las cosas? ¿Qué es esa fuerza invisible que nos pega al suelo, mantiene la Luna girando alrededor de la Tierra, a la Tierra alrededor del Sol y al Sol dentro de nuestra galaxia?
Esa fuerza es la gravedad. Es la más débil de las fuerzas de la naturaleza y, a la vez, la que da forma al universo a gran escala. En este libro veremos cómo fuimos descubriendo sus secretos, desde Galileo y Newton hasta Einstein y los agujeros negros, y por qué todavía hoy guarda misterios sin resolver.
Masa y peso no son lo mismo
Antes de empezar, conviene distinguir dos palabras que en la vida diaria usamos como si fueran iguales:
- La masa es la cantidad de materia que tiene un cuerpo. Se mide en kilogramos y es la misma estés donde estés.
- El peso es la fuerza con la que un planeta atrae ese cuerpo. Depende de dónde estés. Los científicos lo miden en newtons.
Cuando decimos «peso 50 kilos», en realidad estamos hablando de nuestra masa. Las básculas miden con qué fuerza las aprietas, y la convierten en kilos suponiendo que estás en la Tierra. En la Luna, la misma báscula marcaría unos 8 kilos, aunque tu cuerpo sería exactamente el mismo.
La idea que duró dos mil años
El gran filósofo griego Aristóteles, en el siglo IV antes de Cristo, dio una explicación que parecía de sentido común. Cada cosa, decía, tiende a su «lugar natural»: las piedras, hechas de tierra, bajan; el humo y el fuego, suben. Y cuanto más pesado es un objeto, más deprisa cae: una piedra diez veces más pesada caería diez veces más rápido. Durante casi dos mil años, casi nadie se atrevió a comprobarlo.
Capítulo 2Galileo y la caída de los cuerpos
A finales del siglo XVI, un joven profesor italiano llamado Galileo Galilei decidió poner a prueba las ideas de Aristóteles con algo que entonces era casi revolucionario: experimentos y mediciones.
Galileo propuso además un razonamiento brillante que no necesitaba torres. Imagina, decía, que Aristóteles tiene razón y que una piedra pesada cae más deprisa que una ligera. ¿Qué pasa si las atamos juntas? La ligera debería frenar a la pesada, así que el conjunto caería más despacio que la piedra pesada sola. Pero el conjunto pesa más que la piedra pesada, así que debería caer más deprisa. Las dos conclusiones se contradicen. La única salida es que todas caigan igual de rápido.
Cada segundo, más deprisa
Como las cosas caen demasiado rápido para medirlas con los relojes de la época, Galileo tuvo una idea ingeniosa: frenar la caída haciendo rodar bolas por planos inclinados. Medía el tiempo con el agua que salía de un recipiente, y descubrió una regla sorprendente: la distancia recorrida crece con el cuadrado del tiempo. En el doble de tiempo, un objeto que cae recorre cuatro veces más distancia; en el triple, nueve veces más.
Hoy sabemos que, cerca de la superficie de la Tierra, cualquier objeto que cae sin rozamiento gana velocidad a un ritmo de unos 9,8 metros por segundo cada segundo. A esa cifra la llamamos la aceleración de la gravedad, y se escribe con la letra g.
¿Y la pluma que cae más despacio que una piedra? Galileo tenía la respuesta: la culpa es del aire, que frena mucho más a los objetos ligeros y con mucha superficie. Sin aire, una pluma y un martillo caerían exactamente igual.
Capítulo 3Newton y la Luna que cae
En 1665, una epidemia de peste obligó a cerrar la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Un estudiante de 22 años, Isaac Newton, volvió a la granja de su familia, en el pueblo de Woolsthorpe. Durante casi dos años, aislado, tuvo las ideas que cambiarían la ciencia: inventó un nuevo tipo de matemáticas, el cálculo, descubrió que la luz blanca es una mezcla de colores y empezó a pensar en la gravedad.
La pregunta de Newton fue genial en su sencillez: si la Tierra atrae a la manzana que está en lo alto del árbol, ¿llegará esa atracción hasta la Luna? Y si es así, ¿por qué la Luna no cae?
Su respuesta: la Luna sí está cayendo. Todo el rato. La Luna se mueve muy deprisa de lado, y si no hubiera gravedad saldría disparada en línea recta. La gravedad de la Tierra la desvía continuamente hacia nosotros, y su camino se curva en un círculo. La Luna cae sin parar... pero como avanza tan deprisa, nunca llega al suelo.
Más lejos, más débil
Newton calculó cuánto se desvía la Luna de la línea recta en un segundo: apenas 1,4 milímetros. Una manzana, en su primer segundo de caída, recorre 4,9 metros, unas 3.600 veces más. ¿Por qué? La Luna está unas 60 veces más lejos del centro de la Tierra que la manzana, y 60 × 60 = 3.600. La conclusión era impresionante: la fuerza de la gravedad disminuye con el cuadrado de la distancia.
Pero Newton fue todavía más lejos. Se dio cuenta de que la misma fuerza que hace caer la manzana y mantiene a la Luna en su órbita mueve también a los planetas alrededor del Sol. Y más aún: que todos los cuerpos del universo se atraen entre sí, desde las estrellas hasta los granos de arena. Por eso se la llama gravitación universal. Por primera vez, el cielo y la Tierra obedecían a las mismas leyes.
Newton publicó sus descubrimientos en 1687, en un libro en latín que se considera la obra científica más importante de la historia: los Principios matemáticos de la filosofía natural, conocidos como los Principia.
Con las leyes de Newton, Halley calculó que un cometa observado en 1531, 1607 y 1682 era el mismo, y predijo que volvería en 1758. Halley murió antes, pero el cometa regresó puntual. Desde entonces lleva su nombre: el cometa Halley.
Capítulo 4Pesar la Tierra
La ley de Newton se puede escribir en una sola línea. La fuerza con la que se atraen dos cuerpos es:
F = G · m1 · m2 / d2
Es decir: cuanto más masa tengan los dos cuerpos (m1 y m2), más se atraen; y cuanto más lejos estén (d), menos, con ese cuadrado que ya conocemos. La letra G es un número fijo, la constante de la gravitación, que indica lo fuerte que es la gravedad en todo el universo. Y resulta que es un número pequeñísimo.
Newton nunca pudo medir G. El primero en conseguirlo, aunque él lo expresó de otra manera, fue un científico inglés muy tímido y excéntrico, Henry Cavendish, en 1798. Usó un aparato diseñado por su amigo, el reverendo John Michell: una barra con dos bolitas de plomo colgada de un hilo muy fino, junto a dos grandes bolas de plomo de 158 kilos. La atracción de las bolas grandes hacía girar un poquito la barra. La fuerza era más débil que el peso de un grano de arena, así que Cavendish encerró el aparato en un cobertizo y lo observó desde fuera con un telescopio, para que ni el calor de su cuerpo ni las corrientes de aire lo estropearan.
Conociendo G y la fuerza con que la Tierra atrae a cualquier objeto, Cavendish pudo calcular la masa de nuestro planeta: unos 6.000 trillones de toneladas, un 6 seguido de 24 ceros en kilos. Por eso su experimento se conoce como «pesar la Tierra». Y descubrió algo más: la Tierra es, en conjunto, el doble de densa que las rocas de su superficie. Su interior debía de estar hecho de algo mucho más pesado. Hoy sabemos que su núcleo es sobre todo de hierro.
Capítulo 5Las mareas
Si vas a una playa del Cantábrico o del Atlántico, verás que el mar sube y baja dos veces al día. Son las mareas, y las provoca sobre todo la gravedad de la Luna.
La Luna atrae a toda la Tierra, pero no con la misma fuerza en todas partes: la cara de la Tierra que mira a la Luna está unos 12.700 kilómetros más cerca de ella que la cara opuesta, y la atracción es algo mayor. Esa diferencia estira ligeramente la Tierra, y sobre todo el agua de los océanos, en la dirección de la Luna. Se forman así dos «bultos» de agua: uno en el lado que mira a la Luna y otro en el lado contrario.
Como la Tierra gira sobre sí misma, cada punto de la costa pasa por los dos bultos y por las dos zonas bajas cada día: dos mareas altas y dos bajas. Pero como la Luna también avanza en su órbita, el ciclo dura algo más de un día, unas 24 horas y 50 minutos. Por eso las mareas llegan cada día unos 50 minutos más tarde que el anterior.
El Sol también produce mareas, algo menos de la mitad de intensas que las de la Luna. Cuando el Sol y la Luna están alineados, en luna nueva y luna llena, sus efectos se suman y las mareas son más grandes: son las mareas vivas. Cuando forman un ángulo recto, en cuarto creciente y menguante, se contrarrestan en parte: son las mareas muertas.
La Luna se aleja
Las mareas tienen un efecto lento pero imparable. El roce del agua con el fondo del mar frena poco a poco la rotación de la Tierra, y los días se alargan: unas 2 milésimas de segundo cada siglo. A cambio, la Luna gana energía y se va alejando de nosotros unos 3,8 centímetros cada año, más o menos lo que crecen tus uñas en ese tiempo.
El mismo efecto, a lo largo de miles de millones de años, frenó el giro de la Luna hasta que quedó sincronizado con su órbita: tarda en girar sobre sí misma lo mismo que en dar una vuelta a la Tierra. Por eso desde aquí siempre vemos la misma cara de la Luna.
Capítulo 6Órbitas y astronautas
Newton explicó las órbitas con un experimento imaginario. Pensemos en un cañón en lo alto de una montaña altísima, por encima del aire. Si dispara una bala despacio, cae cerca. Si la dispara más deprisa, cae más lejos. Pero la Tierra es redonda: si la bala va lo bastante rápida, el suelo se «curva» por debajo de ella a la misma velocidad a la que ella cae. La bala caerá eternamente sin tocar nunca el suelo. Estará en órbita.
La velocidad necesaria cerca de la superficie es de unos 7,9 kilómetros por segundo: más de 28.000 kilómetros por hora. Y si la bala superara los 11,2 kilómetros por segundo, la velocidad de escape, se alejaría para siempre de la Tierra. Esas son exactamente las velocidades que necesitan hoy los cohetes para poner satélites en órbita o enviar sondas a otros planetas.
¿Por qué flotan los astronautas?
Mucha gente cree que los astronautas de la Estación Espacial Internacional flotan porque allí arriba no hay gravedad. Pero la estación está a unos 400 kilómetros de altura, muy cerca en comparación con el tamaño de la Tierra, y allí la gravedad es aproximadamente un 90 % de la que sentimos en el suelo.
Flotan porque están cayendo, igual que la bala de Newton. La estación, los astronautas y todo lo que hay dentro caen a la vez, a unos 28.000 kilómetros por hora de lado, dando una vuelta a la Tierra cada hora y media. Como todo cae junto, nada se apoya en nada: es lo mismo que sentirías, por un instante, en un ascensor cuyo cable se rompiera.
Capítulo 7Einstein: el espacio se curva
La teoría de Newton funcionaba de maravilla, pero tenía un punto oscuro que al propio Newton le incomodaba: ¿cómo puede el Sol atraer a la Tierra a 150 millones de kilómetros, sin tocarla, a través del espacio vacío? Newton describió cómo actúa la gravedad, pero reconoció que no sabía qué era.
Además, había un pequeño detalle que no encajaba. La órbita de Mercurio, el planeta más cercano al Sol, va girando lentamente, y las cuentas de Newton no lograban explicar del todo ese giro: sobraba una cantidad minúscula, 43 segundos de arco por siglo, más o menos el tamaño de una moneda vista a cien metros.
El pensamiento más feliz
En 1907, un joven empleado de la oficina de patentes de Berna llamado Albert Einstein tuvo lo que más tarde llamó «el pensamiento más feliz de mi vida»: una persona que cae desde un tejado no siente su propio peso. Si soltara unas llaves mientras cae, las vería flotar a su lado.
De ahí dedujo una idea sorprendente: estar en caída libre es indistinguible de estar flotando en el espacio lejos de todo; y estar quieto en la Tierra es indistinguible de estar en un cohete que acelera. Gravedad y aceleración son, en el fondo, lo mismo. Tardó ocho años más en convertir esa intuición en una teoría completa.
El 25 de noviembre de 1915, Einstein presentó la teoría de la relatividad general. Según ella, la gravedad no es una fuerza que tira de los objetos a distancia. Es la curvatura del espacio y del tiempo, el espacio-tiempo, provocada por la masa y la energía. Los planetas no giran alrededor del Sol porque algo tire de ellos: siguen el camino más recto posible en un espacio que el Sol ha deformado.
El físico John Wheeler lo resumió en una frase famosa: «El espacio-tiempo le dice a la materia cómo moverse, y la materia le dice al espacio-tiempo cómo curvarse».
La nueva teoría explicó al instante los 43 segundos de arco que sobraban en la órbita de Mercurio. Y predijo algo nuevo: la luz de las estrellas, al pasar cerca del Sol, debía desviarse al atravesar el espacio curvado, el doble de lo que se podía deducir de las ideas de Newton.
Capítulo 8El tiempo también cae: el GPS
La relatividad general tiene una consecuencia todavía más extraña: la gravedad no solo curva el espacio, también afecta al tiempo. Cuanto más cerca estás de una gran masa, más despacio pasa el tiempo. Un reloj en el sótano va un poquito más lento que uno en el tejado.
La diferencia es minúscula, pero real. En 2010, en un laboratorio de Estados Unidos, se compararon dos relojes atómicos ultraprecisos y se comprobó que el que estaba solo 33 centímetros más alto iba más rápido. Si pasaras toda tu vida, unos 79 años, 33 centímetros por encima de otra persona, envejecerías unas 90 milmillonésimas de segundo más que ella. En 2022 se llegó a medir el efecto en una distancia de apenas un milímetro.
Einstein en tu bolsillo
Todo esto parece una curiosidad de laboratorio, pero lo usas cada día. El GPS de tu móvil calcula tu posición comparando las señales de varios satélites que giran a unos 20.000 kilómetros de altura, cada uno con un reloj atómico a bordo. Como la luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo, un error de solo una millonésima de segundo en esos relojes se convierte en un error de 300 metros en tu posición.
Allí arriba, la gravedad de la Tierra es más débil, y según la relatividad general los relojes de los satélites deberían adelantarse unos 45 microsegundos al día respecto a los del suelo. Al mismo tiempo, los satélites se mueven muy deprisa, y otra teoría de Einstein, la relatividad especial, dice que eso los retrasa unos 7 microsegundos. En total, adelantan unos 38 microsegundos cada día. Parece nada, pero sin corregirlo, el GPS acumularía un error de unos 10 kilómetros diarios.
Capítulo 9Agujeros negros
Si lanzas una piedra hacia arriba, vuelve a caer. Si la lanzaras a más de 11,2 kilómetros por segundo, escaparía de la Tierra. Cuanto más masa tiene un astro y más pequeño es, mayor es su velocidad de escape. ¿Y si existiera un astro tan compacto que ni siquiera la luz, que viaja a 300.000 kilómetros por segundo, pudiera escapar de él?
La idea es sorprendentemente antigua. En 1783, el reverendo inglés John Michell, el mismo que diseñó la balanza de Cavendish, imaginó que podían existir «estrellas oscuras», tan masivas que su luz no podría salir. Pero fue la relatividad de Einstein la que les dio un fundamento sólido.
Esa frontera se llama horizonte de sucesos. Lo que la cruza ya no puede volver ni enviar ninguna señal hacia fuera: ni luz, ni ondas de radio, nada. Durante medio siglo, muchos físicos, incluido el propio Einstein, pensaron que eso era un truco matemático que no podía existir en la naturaleza. En 1967, el físico John Wheeler popularizó un nombre para esos objetos: agujeros negros.
Hoy sabemos que los agujeros negros existen y que son muy comunes. Los hay de dos tipos principales. Los estelares, de unas pocas decenas de veces la masa del Sol, se forman cuando una estrella gigante agota su combustible y su núcleo se hunde sobre sí mismo. Los supermasivos, de millones o miles de millones de soles, ocupan el centro de casi todas las galaxias grandes.
En el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay uno de unos 4 millones de veces la masa del Sol, llamado Sagitario A*. Dos equipos de astrónomos siguieron durante décadas las estrellas que giran a su alrededor, algunas a velocidades de miles de kilómetros por segundo, y demostraron que algo invisible y enormemente masivo las atrae. Por ello recibieron el Premio Nobel de Física de 2020.
Capítulo 10Ondas gravitacionales
Si el espacio-tiempo puede curvarse, también puede vibrar. En 1916, Einstein predijo que las masas en movimiento violento producen ondulaciones en el espacio-tiempo que se propagan a la velocidad de la luz, como las ondas que forma una piedra al caer en un estanque. Son las ondas gravitacionales. Pero calculó que serían tan débiles que nadie podría detectarlas nunca.
Cuando una onda gravitacional atraviesa la Tierra, estira el espacio en una dirección y lo encoge en la perpendicular, una y otra vez. Para detectarlo se construyó en Estados Unidos LIGO: dos observatorios separados por 3.000 kilómetros, cada uno con dos brazos en forma de L de 4 kilómetros de largo.
La sensibilidad de LIGO es casi inimaginable: es capaz de notar un cambio en la longitud de sus brazos de unos 4 kilómetros más pequeño que la milésima parte del tamaño de un protón. Es como medir la distancia a la estrella más cercana con un error menor que el grosor de un pelo.
El 14 de septiembre de 2015, los dos detectores registraron, con 7 milésimas de segundo de diferencia, la misma señal: una vibración que duró una fracción de segundo y subió de tono, como un pequeño gorjeo. Venía de dos agujeros negros, de unas 36 y 29 veces la masa del Sol, que habían chocado y se habían fundido en uno solo hace unos 1.300 millones de años. En la fusión, una masa equivalente a tres soles se convirtió en ondas gravitacionales. Durante ese instante, la potencia liberada fue mayor que la de toda la luz de todas las estrellas del universo observable juntas.
Desde entonces, LIGO y sus compañeros, Virgo en Italia y KAGRA en Japón, han detectado cientos de choques de agujeros negros. El 17 de agosto de 2017 captaron algo distinto: la fusión de dos estrellas de neutrones, a unos 130 millones de años luz. Esta vez, decenas de telescopios apuntaron al lugar y vieron también el destello de luz de la explosión. En ella se fabricaron elementos pesados como el oro y el platino, en cantidades de varias veces la masa de la Tierra.
Capítulo 11Los misterios que quedan
Después de todo lo que sabemos, la gravedad todavía guarda algunos de los mayores enigmas de la ciencia.
La más débil de las fuerzas
En la naturaleza hay cuatro fuerzas fundamentales: la gravedad, el electromagnetismo, y dos fuerzas que solo actúan dentro de los núcleos de los átomos. La gravedad es, con mucha diferencia, la más débil. Entre dos protones, la repulsión eléctrica es unos 1036 veces más fuerte que la atracción gravitatoria: un 1 seguido de 36 ceros.
Materia oscura y energía oscura
En los años 30, el astrónomo suizo Fritz Zwicky observó que las galaxias de un gran cúmulo se movían demasiado deprisa para la masa que se veía en ellas. En los años 70, la astrónoma estadounidense Vera Rubin descubrió lo mismo dentro de las propias galaxias: sus estrellas exteriores giran tan rápido que las galaxias deberían deshacerse. Algo invisible, que no emite ni refleja luz, aporta gravedad extra. Lo llamamos materia oscura, y parece haber unas cinco veces más que materia normal. Nadie sabe todavía qué es.
En 1998, dos equipos que estudiaban explosiones de estrellas lejanas descubrieron algo aún más desconcertante: la expansión del universo no se está frenando, como se esperaba por la gravedad, sino acelerando. A la causa desconocida de esa aceleración se la llama energía oscura. Observaciones recientes, de 2024 y 2025, sugieren incluso que podría ir cambiando con el tiempo.
La gran pieza que falta
El último gran misterio es de teoría. La relatividad general explica de maravilla lo muy grande: planetas, galaxias, el universo entero. La mecánica cuántica explica de maravilla lo muy pequeño: átomos, electrones, luz. Pero las dos teorías no encajan entre sí. En el centro de un agujero negro, o en el primer instante del universo, habría que usar las dos a la vez, y dan resultados absurdos. Encontrar una teoría de la gravedad cuántica que las una es probablemente el mayor reto de la física de nuestro tiempo.
Capítulo 12Resumen
- Siglo IV a. C.
- Aristóteles: los objetos pesados caen más deprisa.
- 1586
- Stevin deja caer dos bolas de plomo desde una torre de Delft.
- 1638
- Galileo publica sus leyes de la caída de los cuerpos.
- 1687
- Newton publica los Principia y la ley de la gravitación universal.
- 1798
- Cavendish mide la constante G y «pesa» la Tierra.
- 1846
- Descubrimiento de Neptuno gracias a los cálculos de Le Verrier.
- 1915
- Einstein presenta la relatividad general.
- 1919
- Un eclipse confirma que la gravedad desvía la luz.
- 1971
- Un martillo y una pluma caen a la vez en la Luna.
- 1998
- Se descubre que la expansión del universo se acelera.
- 2015
- LIGO detecta las primeras ondas gravitacionales.
- 2019
- Primera imagen de un agujero negro.
Resumen en siete frases
- La masa es la cantidad de materia de un cuerpo; el peso, la fuerza con que la gravedad lo atrae.
- Galileo demostró que, sin aire, todos los cuerpos caen con la misma aceleración.
- Newton descubrió que todos los cuerpos se atraen con una fuerza que depende de sus masas y disminuye con el cuadrado de la distancia.
- Las órbitas son una caída continua, y los astronautas flotan porque caen junto con su nave.
- Las mareas se deben a que la Luna atrae más la cara de la Tierra más cercana.
- Para Einstein, la gravedad es la curvatura del espacio-tiempo: por eso desvía la luz, frena el tiempo y permite que existan agujeros negros y ondas gravitacionales.
- La materia oscura, la energía oscura y la gravedad cuántica siguen siendo grandes misterios.
Para pensar: los astronautas de la Estación Espacial están sometidos a casi la misma gravedad que tú, y sin embargo flotan. Si estuvieras dentro de una caja cerrada y sin ventanas, ¿cómo podrías saber si estás flotando en el espacio o cayendo hacia un planeta?